Borda Molí dels Fanals | Restaurante Típico en Andorra

La tradición centenaria de la calçotada

calçots

La tradición centenaria de la calçotada

Cada año, entre el final del invierno y el comienzo de la primavera, llega la tradicional calçotada. La aparición de esta celebración no sólo viene gracias a la temporada de calçots, sino que ésta se remonta a su creación.

Una forma de producir nueva
Los calçots se originan en Valls, en el Alt Camp, a finales del siglo XIX. Xat de Beinaiges, un conocido agricultor del pueblo, decidió “calzar” las cebollas, una técnica que consiste en plantar las cebollas por la mitad e ir tapandolas con tierra según crecen. Con esta técnica, surgió un tipo de cebolla dulce con un sabor terroso, conocida como calçot. Esta técnica se fue pasando de boca en boca por Cataluña hasta llegar a integrar los calçots como uno de los productos más icónicos de la cultura catalana.

Más que una comida, un encuentro popular
Pero no sólo el producto ha pasado a formar parte de la cultura, sino que el hecho de comerlo, ya ha pasado a ser representativo de la cocina de la zona. Los calçots se pueden comer en la intimidad de su casa, pero la tradición quiere que se coman en una reunión de las personas del pueblo o la vida, en una fiesta conocida como calçotada. Las calçotades comenzaron en el mismo pueblo de Valls a comienzos del siglo XX, pero ahora se festejan en toda Cataluña y Andorra.

La preparación
Una de las peculiaridades de los calçots es su preparación. A pesar de ser cultivada bajo tierra, esta cebolla es recogida y puesta directamente sobre los brasas, tradicionalmente hechas a base de setas, sin limpieza de ningún tipo. Se acortan las hojas más largas y se corta un poco la raíz. Los calçots se dejan cocer sobre las brasas hasta que la capa exterior se carboniza, entonces se sacan de las brasas, que podrán ser utilizadas para cocinar carne a posteriori, y se ponen en la mesa para poder ser comidos acompañados de salsas como el romesco.

Si desea probar, o volver a comer, esta especialidad de la cocina de montaña, en el Molí dels Fanals os los presentamos de una forma muy especial, pueden comerlos sin mancharse los dedos si no queréis.


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